Cómo eran los programas de videncia en la televisión española

Los videntes no llegaron a la tele con un único formato. Unos venían a dar el horóscopo en dos minutos; otros se quedaban horas de madrugada al teléfono con los espectadores. Cada formato pedía un tipo de personaje distinto.
El horóscopo de cada día
Es el formato más antiguo y el más modesto. Una persona delante de la cámara, doce signos y un consejo breve para cada uno. Cabía en una franja corta, al final de un informativo o dentro de un magacín, y se repetía todos los días a la misma hora. Dos minutos y fuera.
Funcionaba por costumbre. La gente esperaba su signo, escuchaba los otros once de paso y seguía con lo suyo. Aquí el tono importaba mucho: tranquilo, amable, sin dramatismos. Esperanza Gracia es el nombre que mucha gente asocia con este formato.
La tertulia de medianoche
Los programas nocturnos de entretenimiento, los de mesa larga y muchos invitados, encontraron en los videntes un personaje muy agradecido. Un astrólogo o una bruja daban juego: discutían con los demás tertulianos, hacían predicciones sobre famosos, se prestaban a pruebas en directo.
En este formato el vidente era casi un actor de reparto. Lo que se buscaba era espectáculo, y quien tenía un rasgo propio lo tenía más fácil. Las verduras de Paco Porras o la teatralidad de Aramís Fuster encajaban aquí como en ningún otro sitio.
La consulta en directo
De madrugada, cuando la audiencia es pequeña y la publicidad barata, aparecieron los programas de tarot con llamadas. Un tarotista en un decorado sencillo, una baraja sobre la mesa y un número de teléfono en pantalla. Los espectadores llamaban, contaban su caso y recibían una lectura en antena.
Eran programas largos, de varias horas, con un ritmo muy distinto al de la tertulia. Se parecían más a la radio que a la televisión de entretenimiento, porque lo que sostenía el programa era la conversación con quien llamaba desde su casa, a veces muy larga, y no lo que pasaba en el plató, que era casi siempre lo mismo. Sandro Rey se dio a conocer en este tipo de espacios.
Las llamadas solían ir a líneas de tarificación especial. Quien vea hoy algo parecido debe saberlo: llamar a un programa así cuesta dinero, y el precio por minuto tiene que aparecer en pantalla.
El invitado de los programas de famosos
Con el tiempo, algunos videntes dejaron de ir a la tele como videntes y empezaron a ir como famosos. Concursos, programas de baile, telerrealidad. Ahí ya no echaban las cartas, o lo hacían de pasada. Se les invitaba porque el público los conocía.
Rappel es el caso más claro. Su presencia en televisión va bastante más allá de las predicciones.
Y ahora
Hoy buena parte de ese contenido ha pasado a internet: directos en redes, vídeos cortos, canales propios. El esquema se parece mucho al de antes, con la consulta en directo y el personaje reconocible, pero sin parrilla ni horario.
Si algo enseña la historia de estos programas es que en televisión el vidente siempre fue, antes que nada, un personaje. Mirarlo así ayuda a disfrutarlo sin tomárselo más en serio de lo que merece.